



Después de 3 días en Xalapa, dos de descanso y uno de pilón, salí el lunes a las 8pm rumbo a Perote. Una noche anterior recibí un mensaje de Citlalli, una chica ciclista de montaña que no conocía y que fue agradable conocer, nos pusimos de acuerdo para vernos en un estacionamiento en la mañana de mi salida de Xalapa, platicamos un rato, nos tomamos unas fotos y me dió una sorpresa, un claxon de aire bien fregón, fue un grandísimo detalle, lo instalamos y me acompañó un tramo, casi hasta la salida de Xalapa. De verdad que fue algo especial conocer a Citlalli esa mañana, porque me dio buena vibra para el viaje, muchos ánimos y también confianza para continuar. Más adelante también vi a otro amigo ciclista, Rubén Cafecleto quien realizó una travesía de Xalapa a Cancún, sus tips fueron de mucha ayuda y la banderita que monté en la bici, también me la presto él, me acompañó otro tramo y continué me recorrido, ya para entonces eran como las 10am.
La carretera comenzó con mucho tráfico, bastantes camiones y lo peor es el humo que arrojan directo a la nariz, en las subidas la respiración es vital y con toda esta bola de camiones mal carburados se hacía más difícil pedalear. Afortunadamente solo eran 50km hasta perote, pero que son pura subida.
Paré en La Joya, para tomar una leche caliente, ahí conseguí miel y seguí. Más adelante comencé a sentir el aire frio y amenazaba la neblina, cada vez era menos lo que faltaba para llegar y finalmente las subidas cesaron, entré a una especie de planicie de unos 10km hasta llegar a Perote donde conocería a Phidel y a su papá Fidel.
Entré a Perote, busqué el centro que está muy cerca de la entrada, el parque lo estaban arreglando y había mucho polvo, después de un rato encontré el "Café el Negro" de la hermana de Phidel, comí muy rico y platicamos un montón, Fidel, el papá de Phidel, es muy platicador, toda su familia me recibió muy bien, incluso, Fidel me llevó un Torito de Piñón para festejar mi llegada, muy buen detalle y muy buen Torito. Comimos pastel porque había cumpleaños de un sobrinito y luego de platicar bastante ya era hora de descansar, mi cuarto era del tamaño de mi departamento en Cancún y parecía que haría frio durante la noche, pero afortunadamente no lo hizo tanto.
A la mañana siguiente alisté mis cosas y con Phidel y Fidel fuimos por unos jugos al mercado, luego por un tamal y despúes por una torta para el camino, me acompañaron hasta el entronque con la autopista que me llevaría a Puebla y ahí nos despedimos, de verdad que fue muy agradable conocerlos, además de que son gente muy amable.
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